lunes, 12 de septiembre de 2011

Proyecto 13/11: No code (Parte II)





((Sí, es muy largo, no me maten, léanlo de a partes si es necesario)).

Sometimes arranca con una guitarra de efecto narcótico que tímidamente empieza a jugar con los arreglos de la otra guitarra para meternos de lleno y sin consultarnos en el ambiente del disco. La voz de Vedder se va delineando in crescendo: primero vacía, casi privándose de sí misma, luego rasposa, en huída hacia no sé se sabe dónde... Es que parecería que el tema está al borde de perderse en la nada. Hay sin embargo algo que lo contiene, le da corporeidad, le da sabor: el (creo) contrabajo eléctrico de Ament. El balance instrumental entre huída y cuerpo, entre labilidad y concreción, entre fugacidad y permanencia se ve claramente sostenido también en la segunda parte de la letra, de polaridades no contradictorias. Es que se trata de encontrar el lugar propio, sin pretensiones megalomaníacas ni regodeos en la propia miseria, se trata de la humildad de quien desde su pequeñez se encuentra, y encuentra en sí una grandeza que viene de otra parte.

¿Pretendían encontrar paz en esta introspección? Sin trámites de por medio, la siguiente canción nos transporta a una relación amorosa. Una relación insana. Más aún: descubre rasgos esenciales de toda relación, rasgos que llevan inevitablemente el sello de la contingencia humana. Es la historia de una relación demasiado apegada, donde las limitaciones de uno coartan el desarrollo del otro. Sí, sí, opinarán que podría ser el tema de una tonta película romántica; y sí, también la voz de Vedder suena acaramelada a veces y es como si las guitarras no se animaran a salir del libreto (¿demasiado apegadas, tal vez?); y, además, la tocaron en el show de David Letterman con Drew Barrymore presente. Pero a pesar de todo esto, la temática toma acá ribetes oscuros. Hay una constante tensión entre la pretensión apriorísticas y, en el fondo, egoístas de uno, las faltas del otro, la incapacidad conjunta de ser algo más que dos individuos separados o una fusión indiferenciada. Ah, la eterna dialéctica de lo Uno y lo Otro, en versión 1996 y con una precisa batería de Jack Irons.

Justamente este baterista es quien marca el sello de la siguiente canción, con una cadencia muy particular que arrastra a los demás instrumentos en una espiral sonora hacia los recovecos de la existencia. Temáticamente, está muy conectada con Sometimes. Los vaivenes interiores conducen a no saber dónde uno está parado. ¿Quién es uno mismo si no tiene dónde aflorar? Es curioso que la canción se titule “Who you are” pero se pregunte más que nada en plural “who we are”: como si la conformación de la identidad dependiera de quienes nos rodean. La presencia de segundas voces parecen confirmarlo. Pero definitivamente esta canción no está extraída de un libro de autoayuda. Es realista y cruda: somos musgo atrapado en nuestra alma, a merced del viento, en el barro, fuera de los caminos trazados de antemano . Reaparecen los motivos de la pequeñez, la y de qué rol, que parte, nos toca cumplir: ser nosotros mismos. Y eso no tiene que ver con seguir un mandato sino con dejarse ser, desarrollarse, crecer. Justamente, de poco, los instrumentos van empezando a soltarse, y antes de terminar, la canción nos regala un poco de la identidad de cada músico resaltando sobre las demás. Excepcionalmente disfrutables, por conmovedores, son los intentos con el sitar y los coros que se escuchan sobre el final, ambas joyas de Vedder. Resaltando no ya por encima de los demás, sino gracias a los demás.

In my tree lleva las premisas de Who you are un paso más lejos: la batería que arrastra al resto de los instrumentos y una letra introspectiva profunda. Es The fool on the hill en versión Pearl Jam. Ya sea que se refiera a una experiencia con estupefacientes, o a una enfermedad mental, o a una experiencia espiritual, cualquiera de estos niveles interpretativos apunta a un par de cosas básicas: la distancia entre uno mismo y una sociedad alienante (newspapers, crowbars, cigarettes, street), la cercanía con otras dimensiones de lo real (la naturaleza , el cielo), las contradicciones interiores (la inocencia, el conocimiento, el escape, la comodidad). El símbolo del árbol es muy ambiguo. Al parecer se ha encontrado ahí el lugar más propio, pero no queda claro si esto es algo malo o bueno. “Malo” sería un estamento donde miro a los demás desde arriba, o un lugar, un nido, en el que me siento seguro, cómodo y del cual no “necesito” (no puedo) salir. “Bueno” sería un refugio de una sociedad asfixiante, donde poder entrar en contacto con uno mismo y la naturaleza, recargar energías; desde donde observar lúcidamente, abrir los ojos; donde buscar el crecimiento, beber la savia de la vida, y luego abrir las alas, despegar, volar libre. No hay nada eso: nunca hay maniqueísmos en Pearl Jam, como en la vida. El árbol es ambiguo. Explícitamente ambiguo, porque así es la vida y sus experiencias. Explícitamente ambiguo, como una canción donde el riff de batería se confunde con los excelentes acordes de guitarra, y luego se pierden juntos en riffs de guitarra poderosos y los gritos ahogados de Vedder.

Smile es menos vueltera. Va derecho al grano: un bajo simple y profundo, riffs de guitarras potentes, arreglos desinteresados, y una letra directa. Incluso una alusión a Black para acongojarnos el corazón (“when the sun don’t shine it don’t shine at all") y no soportar la sorna de una sonrisa sarcástica. ¿Pero entonces por qué esa parte B tan empalagosa? “I miss you already”, sí, sí, ya se sabe, ¿qué necesidad de decirlo de esa manera? ¿Y por qué esa armónica romanticona? Dicen que esta letra la armaron con unas frases que le pasó a Vedder el cantante de The Frogs en un escenario, y que eran parte de dos temas de esa banda. Sin embargo, me parece que la canción supera prejuicios y es auténtica a la vida misma. ¿A qué me refiero? Cada uno piense en su propio historial de rupturas, o en las de sus amigos cercanos: ¿quién no escuchó entre bronca y puteos cosas tan cursis como que ya extraña a su parejita? Por más duros que seamos, esas melosidades se nos escapan, así funciona la vida.

Off he goes es un temón. Un tema simple pero que cala hondo: un amigo que va y viene, ocasional, de esos demasiado metidos en otras cosas de una vida demasiado rápida. Los acordes son igualmente simples, incluso el solo del medio. Pero no es simpleza, es simplicidad: concisión, unidad, densidad. La letra y los excelentes y justos arreglos de McCready tocan fibras profundas de la vida personal de cada uno. Es una historia de promesas incumplidas. He ahí toda su gravedad, pues cumpliendo con lo prometido, colmamos con esa parte de nosotros que depende de nosotros, de nuestro sí mismo libre y conciente. Con promesas incumplidas, en cambio, nos perdemos nos vamos de nosotros mismos. “Off he goes” no significa sólo que el otro se va para mí, sino también que se va para él mismo. Su identidad de pierde en la promesa incumplida. El último minuto, instrumental, es genial: todos los instrumentos en equilibrada armonía, sosteniendo con expresividad la difícil tensión entre, por un lado, la riqueza de la amistad y la sorpresa de la alguien que vuelve cuando menos lo esperamos; y por otro, la tristeza de una realidad sin esperanzas, de una promesa incumplida, de una identidad difuminada –o dos, si además consideramos que nuestra identidad también se construye gracias a la del otro que ha huido, de nosotros y de sí.

Ese equilibrio obviamente estalla en la próxima canción: Habit. Es casi como una respuesta musical adrenalínica a una hipotética pregunta burlona de algún pesado: “¿así que ahora están tocando soft-rock con letras sentimentaloides?”. Y ellos responden con riffs tan tensos como poderosos , una bata agresiva y una voz de Vedder forzada hasta las entrañas. El último minuto vuelven a darse el lujo de un buen pasaje instrumental, pero acá ya no se trata de armonía sino de pura explosión. Toda la rabia de los “children of the nineties” en una canción que al parecer toca el tema de la drogadicción.

Red mosquito trata también sobre intoxicación, pero de otro tipo. Cuenta la historia que Vedder se enfermó por alguna mala comida y los hospitalizaron, pero salió para ir a cantar ese día…y no pudo terminar el concierto, siendo suplantado nada menos que por Neil Young. La canción juega un poco con las sensaciones de Vedder al despertarse en la habitación del hospital, y al mismo tiempo deja traslucir algunas inquietudes existenciales sobre la presencia inminente del mal. El bajo muestra todo su potencial en los primeros segundos del tema, al igual que la guitarra de McCready. Gossard aporta por momentos unos arpeggios que le suman sensibilidad a un tema excelente, muy bien armado y con joyas para todos los gustos. Aunque ya anticipado antes, promediando el minuto y medio, y después de nuevo un minuto más tarde, McCready se manda unos solos con una distorsión al mejor estilo blusero-diabólico (recordemos que al menos desde Robert Johnson los solos de blues y el diablo mantienen una relación estrecha). Para no perder la costumbre, el último minuto de esta canción también es una muestra de destreza musical en conjunto. Son particularmente expresivos los últimos versos de Vedder que se escuchan como a la distancia: “If I had known then what I know now…”.

Lukin no te da un respiro. Decí que es un minuto. El bajo de Ament, como tantas veces, es el encargado de mantener la cohesión a un tema que desde que empezó –tal la potencia– no puede mantenerse en pie. La letra, en apariencia basta chata, nos cuenta cómo Vedder pierde sus llaves y termina yendo a tomar una birra a lo de Lukin, ex-integrante de The Melvins y Mudhoney, donde encuentra que la vida vale la pena ser vivida, antes de volver a su casa con un intranquilo sentimiento de inseguridad (dicen que por una supuesta acosadora).

La introducción de guitarra de Present Tense te da tiempo para un respiro después de Lukin. Un respiro profundo, si es posible, porque lo que sigue es un profundo testimonio de vida, una experiencia personal que se comparte. Y es no es poco: quiénes somos no es algo que se argumenta o se define, sino que pertenece al orden de la atestación. Todo empieza con una imagen elocuente, que como tantas otras de este disco proviene del ámbito de la naturaleza, y en este caso es una enseñanza para aplicar a nuestra: estirarse, luchando contra las sombras, para alcanzar el sol. De contemplar la naturaleza, la letra pasa a contemplar la propia historia de uno, para llevarnos hacia una alternativa vital entre dos actitudes. Se trata de tomar una opción fundamental: o dejarnos atar por las sombres del pasado, o perdonarnos a nosotros mismos y encontrar la vida en el presente. El tema es pesado: decidir a este nivel es un acto en que se juega nuestra identidad. Como acto, la decisión es presente. Pero también corresponde al futuro, a un futuro presente: la decisión determina ahora lo que haremos mañana. Y ya determinar nuestro futuro es determinar nuestro presente: determinarnos a nosotros mismos. Nuestra identidad se afirma desde los actos particulares, bien concretos y presentes. Por eso la vida no tiene que ver con vivir del pasado ni del futuro; se trata de vivir desde el pasado, por (no para) el futuro, en el presente. Hay, por otro lado, un deber (y como todo deber, justo) de hacer memoria. Pero si ese deber se convierte en obligación, si lo que sucede es que nos imponemos recordar, por cobardía, comodidad o estupidez, entonces nos hallamos más que en la memoria, en plano del resentimiento. Sí, incluso, como en este caso, resentimiento con uno mismo. Por eso, la salida es clara: ante la inminencia de un vida que se nos va, ante la abrupta presencia de la muerte al final de este “all-encompasing trip” que es la vida, lo que queda es volcarse con todas nuestras fuerzas a vivir en el presente. Y si no están convencidos, escuchen completamente enfocados, haciendo un esfuerzo por vivenciar la densidad del presente y las texturas de lo concreto (en este caso la concreción del sonido), la parte instrumental con la que termina el tema.

Después de tamaño testimonio, quizá el punto más alto de disco, nos vemos forzados a bajar el nivel con Mankind. La letra al parecer trata de cómo la humanidad ha evolucionado hasta convertirse en una maquinaria de homologación y simulacro, en pura hipocresía, masas y superficialidad. Pero no deja de ser una crítica asimismo superficial: el tema es un capricho musical y lírico de Gossard. Su sello se deja ver en los acordes pegajosos del estribillo y los riffs tan post-punk, ambas características que acá se van de mambo y nos dejan una producto que no está a la altura del disco.

Por suerte hay lugar para otra perla. I’m open nos mete de lleno, con sonidos intimistas, en una atmósfera de introspección. A tal punto que la voz de Vedder, que recita las estrofas y acaricia la melodía del estribillo pareciera ser la propia de quien escucha. Musicalmente, podría decirse que la canción está lleno de mantras instrumentales: frases de guitarra, bajo, teclado, percusión, pandereta y otros sonidos curiosos, incluso el estribillo, que se repiten constantemente como con meta de alcanzar un crecimiento espiritual. Como indican el título y la habitación sin puerta del primer verso, es una canción sobre la apertura. Acá no hay expectativas sino disposición. Disposición al acontecimiento: a lo que adviene sin que uno lo llame. Por eso no importa cuánto haya buscado a lo largo de su vida, porque el acontecimiento es quien nos busca a nosotros. Del acontecimiento proviene la vida. Y la vida es sentir: sentir, y sentirse al sentir. Una vida que no sienta absolutamente nada ya no es una vida, y por eso la intranquilidad de la una adultez tan anodina. Pero sentir es pasividad y, para sentir hasta el fondo hace falta pasividad extrema: apertura. Esa apertura de la niñez, esa ingenuidad, ese maravillarse. Y por eso, porque se trata de ser como niños, acá la frase de Red mosquito se invierte: “if he only knew now what he knew then”. Y para lograrlo hay que despojarse de todos los revestimientos, enfrentar el miedo a la vulnerabilidad irremediable y abrirse. Apertura es también apertura de posibilidades para el futuro, y por eso se puede soñar con un nuevo sí mismo, para sí mismo. Retomando las ideas de Presente tense, al determinar nuestro futuro (pero determinarlo como indeterminado, como abierto), determinamos nuestro presente, y así a nosotros mismos.

Si de ser como niños se trata, el disco no podía terminar de otra manera que con un canción de cuna como Around the bend, una canción que nos desea una mente en paz en nuestro interior. Aparecen varios temas recurrentes del disco: la interioridad, el sol, soñar, el pasado de cada uno, el perdón. Musicalmente, de cadencia lenta pero encantadora, con una armazón sólida y precisa de batería, es una canción con mucho cuerpo y diferentes niveles de escucha: arreglos de teclado, bajo, guitarra que le dan una profundidad inusitada. El último mensaje que nos deja el disco es que solos no podemos, que necesitamos del otro. Que no tiene nada de malo en que nos dejemos cuidar como un niño al dormirse. Es un mensaje –finalmente, después de tanta búsqueda a lo largo del disco– de tranquilidad. La música del disco termina, pero lo que dejó en cada uno de nosotros no. Por eso, la letra termina de manera abierta, e incluso la última nota deja esa sensación: todo sigue abierto, el camino continúa, y continúa en nuestra propia vida.

Sí, en conjunto, es un disco abierto. No es conciso como Ten, ni sólido como Vs., ni estructuralmente fuerte como Yield. Quizá se pierda un poco, quizá eso lo haga un disco incómodo para ponérselo a escuchar. Quizá no sea lo que esperábamos de una banda de grunge, quizá eso atente contra la coherencia, contra su integridad. ¿Y qué? ¿No es acaso así nuestra vida?


3 comentarios:

  1. Estoy en desacuerdo con todo lo que escribió sr. Jasminoy. No entiendo qué le vio de malo a Mankind, para mí es el mejor tema, lejos.

    Pero bueno, habrá que esperar la siguiente reseña para sacarse el gustito amargo. Una pena, esperaba mucho de este análisis.

    Nos vemos en noviembre.

    Stone Gossard

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  2. No sabía eso de "Off He Goes". Nunca le di pelota a la letra. Interesante. Creo que la próxima que la escuche la voy a disfrutar el doble.

    EL Capitán Cavernícola.

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  3. Como diría un sujeto llamado Mike: "Pongamosle Grand Finale". Ha sido un profundo análisis, lo felicito.

    Inspector de Hacienda Suarez.

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