Lastima, Bandoneón, mi corazón
tu ronca maldición maleva;
tu lágrima de ron me lleva
hasta el hondo bajo fondo
donde el barro se subleva...
Ya sé; no me digás, tenés razón;
la vida es una herida absurda
y es todo, todo tan fugaz
que es una curda, nada más,
mi confesión...
Contame tu condena,
decime tu fracaso
¿No ves la pena que me ha herido?
Y hablame simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo de olvido.
Ya sé que me hace daño,
ya sé que me lastimo
llorando mi sermón de vino;
pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en el licor que aturda
la curda que al final
termine la función
corriéndole un telón
al corazón...
Un poco de recuerdo y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo;
marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la última curda...
Cerrame el ventanal, que arrastra el sol
su lento caracol de sueño...
¿No ves que vengo de un país
que está de olvido, siempre gris,
tras el alcohol...?
"Un país siempre gris." Mejor descripción imposible. Montevideo y Buenos Aires, unidos por la nostalgia. ¿Este muchacho es de tus pagos, D'Arta?
ResponderEliminarEs argentino, Jota.
ResponderEliminar"La última curda" es un tango bastante conocido. Cátulo Castillo también escribió "El último café"; siendo amigo de Casca seguro lo conocés.
Me gustaría saber la manera de colgar los videos, así le pongo voz a la letra.
¿Cómo carajo se hace, Jota? No entiendo nada.
Abrazo.