lunes, 31 de enero de 2011

Lo dijo Mariano Closs.

Muchachos y muchachas,

El receso veraniego nos tuvo muy ocupados a todos haciendo nada, huevo, milanesas, tortillas, en muchos lugares distintos. Siendo "nada" mucho y poco a la vez: sol, arena, futbol, viento, viento, más viento, arena, mininnis, carpas varias, Bariloche, Ostende, ¿Valeria?, qué Massa... Y el blog parecía estar medio muerto, ¿verdad? PERO NOOOOO!!! (diría el primo de Liz Solari). El blog no está muerto, no señor. Y vuelve a la actividad CON TUTTI!!!!

il Joto, fiel a su estilo, estuvo YouTubeando (o "estubeando") y encontró a un compositor que con su canción logró reflejar toda su personalidad (la del compositor, eh). Una composición auto-referencial, autobiográfica podríamos decir (corrijame don Cascarudo).

Con ustedes, LA CANCION DEL PENE.



Dedicado especialmente a Mr. Sensible, un amigo que nos acompañó firmemente todos estos días por la costa.

jueves, 13 de enero de 2011

La naturaleza del juicio

Algo que vengo pensando hace rato y que tuvo como disparador una discusión en un foro de feisbuc. Un ensayito. Acepto, como siempre, críticas estilísticas (es un género en el que no incursioné mucho) y escucho sus opiniones sobre el tema en sí.
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"Siempre hay que respetar a las personas,
nunca hay que respetar a las ideas"
Pío Romero Carranza, en Z.

Ya sea por la naturaleza humana o el esquema sociocultural de occidente, solemos asociar actos, ideas y personas hasta el punto de la indistinguibilidad. En términos propios del Cristianismo (que ha, innegablemente, afectado nuestra cultura desde las raíces), la herejía convierte al hombre en hereje y el pecado convierte al hombre en pecador. No es mi intención abordar el tema desde un punto de vista teológico o religioso sino explorar este fenómeno en un plano más cotidiano y terrenal. Corro el peligro (quizás insalvable) de caer en el siempre pantanoso terreno de la moral. Este es, mejor dicho, un asunto de filosofía moral (y dejemos de lado, por un momento, el detalle de que no soy filósofo ni, Dios me guarde si existe, moralista).
Mi análisis se centra en el concepto del juicio, entendido como "facultad del alma, por la que el hombre puede distinguir el bien del mal [...]" u "opinión, parecer o dictamen" [Diccionario de la Lengua Española, Real Academia] y referido a los actos, las ideas y las personas. Noto que, en la mayoría de los casos, tenemos la tendencia de errar en el objeto de nuestro juicio al confundir entre estas tres entidades.
Ejemplifico, en primer lugar, con los adherentes a la pena de muerte. El argumento que suelen esgrimir (aunque reconozco que no es el único y que hay quienes lo rechazan en favor de otros más sofisticados) es que aquel que mata no merece vivir. Esta percepción de la justicia ata inseparablemente al criminal a su crimen: si ha realizado un acto malo es, sin ninguna duda, una mala persona. La falacia es sutil, pues reconozco que es posible que el mal accionar sea a causa de la maldad personal y quizás en muchos (o, por qué no, la totalidad) de los casos sea efectivamente así. Es aquí donde me es inevitable hacer uso de mi visión epistemológica y antropológica: lo que critico del argumento es el "sin ninguna duda". Supongamos que el crimen se ha demostrado hasta en el sentido matemático de demostración. Aún así se desconocen las motivaciones, intenciones y experiencias previas que llevaron al criminal a cometer el crimen. Por más que se demuestre que el acto fue voluntario, no está en nuestra capacidad conocer la bondad o maldad de las personas.

Me enfrento nada menos que a dos conceptos morales y antropológicos de amplia aceptación popular: "de buenas intenciones está empedrado el camino al Infierno" y "las personas se definen por sus actos". Sostengo que las personas o, mejor dicho, la bondad o maldad de las personas, se definen, antes de los actos, por sus decisiones libres. La imposibilidad epistemólogica a la que se enfrenta quien hace la afirmación a la que me opongo es la de conocer la libertad detrás de las decisiones: el crimen puede ser voluntario, la decisión puede haber sido tomada, pero no se puede saber con cuánta libertad. El clásico ejemplo en favor de esta postura es el del trauma de la niñez. ¿Podemos conocer hasta qué punto influyó en el crimen, hasta que nivel de conciencia afectó cada etapa de la toma de decisiones? Podemos suponer, podemos estar bastante seguros, pero nunca "sin ninguna duda". ¿Estoy proponiendo tirar por la borda todo el sistema de justicia en el que se basa el orden de nuestras sociedades? Definitivamente no. Sí, quizás, mirarlo desde otro lado: el castigo no debe ser concebido como venganza sino como fuerza disuasiva, y sólo desde este punto de vista es aceptable. No me refiero ya al caso puntual de la pena de muerte ni al más general del Poder Judicial, sino a todo juicio moral que pueda hacerse sobre una persona. Es, en mi opinión, este mismo error el que llevó a algunas personas a festejar la muerte de Néstor Kirchner, el que causa los resentimientos sociales e históricos y el que genera las enemistades más intensas; es decir, es ésta en muchos casos la raíz del odio.
De la misma manera que con los actos, observo que se asocia erróneamente a las personas con sus ideas. Es más fácil reconocer, en este caso, el peligro del prejuicio debido a las ideas, pues la Historia ya nos ha enseñado al respecto. El ensañamiento de la Iglesia con Galileo Galilei, el odio interreligioso y los régimenes totalitarios son ejemplos que por muy poco no se explican a sí mismos. Por esta asociación entre idea y persona es que muchas discusiones derivan en peleas y muchas diferencias pueden causar el fin de una amistad. Es normal indignarse cuando se critican las ideas propias (probablemente yo me indigne cuando critiquen lo que aquí escribo), pues es difícil asimilar el hecho de que no se critica a la persona sino a los conceptos, que no tienen ningún derecho a quejarse.

Aquí llego a algo muy curioso en este razonamiento, y es que es realmente difícil, en lo cotidiano, hacer estas distinciones. “Pepe le robó a Tito, es un hijo de puta”, por ejemplo, es una frase a la que nadie en su sano juicio (que sepa que efectivamente Pepe es un ladrón y que no se alarme por el vocabulario soez) objetaría y no está tan mal, incluso si se ha leído este ensayo y se concuerda con sus argumentos. Las relaciones humanas son contradictorias en muchos niveles pues entran en juego, además del juicio racional, las reacciones emocionales y afectivas que no se dejan llevar tan fácilmente por la razón. Es justamente esa complejidad de la experiencia humana la que soporta mis argumentos ofrecidos ut supra.

Concluyo, luego de este breve ejercicio mental, que nuestra percepción de la calidad moral de las personas está usualmente afectada por nuestra percepción de la calidad moral de sus actos o sus ideas, por más que no deba ser así desde un punto de vista netamente racional. Quizás sea provechoso sostener cómo máxima que se debe juzgar a las ideas y a los actos pero nunca a las personas. Lo cierto es que (salvo para Kant, hasta donde yo sé) atenerse a una máxima en todas las situaciones de la vida es impracticable.

lunes, 10 de enero de 2011

PDF (Pichón-De-Frutilla)

En la noche del Sábado 8 de Enero, en la arena de Philadelphia, presenciamos un duelo de características desorbitantes...

vs.

Ante el aplastante dominio del ídolo en las primeras rondas emergió un desafío.
Proximamente... la revancha? ¿Cuál será la respuesta del campeón? ¿Luchará en defensa del título o se apichona?...
Entérate en ESPN8 "The Ocho"

Pichón...
(Onomatopeyas varias de cacareos y cánticos de aves.)